martes, 28 de septiembre de 2010

Fotografiar cerca de las personas. (2ª parte).

Bueno, vamos a por la segunda parte.
Ya vimos en la primera entrega de esta temática, que nuestra actitud será primordial a la hora de fotografiar cerca de las personas. Estas no deben sentirse violentadas en ningún momento.

Antes de empezar, me gustaría recalcar que estos ejercicios o consejos están sobretodo destinados a todas aquellas personas que están empezando. Los viejos lobos ya tienen sus argucias y creo que poco, o nada, les puedo enseñar. Al contrario, muchos me podrían enseñar a mi, así que mis consejos me gustaría que fueran considerados como algo más que poner en el zurrón y no la solución definitiva. Dicho esto, empecemos.

Al ver fotografías, es muy fácil adivinar con que óptica se han realizado, sobretodo si nuestro equipo esta formado por zooms. En prensa gráfica es normal su utilización por las prestaciones que nos ofrecen pero en el reportaje más personal considero que no tienen lugar.
De repente hay cortes donde no deberían, brazos cortados sin ningún sentido, lejanía.
El zoom nos hace comodones y antes de acercarnos físicamente a la situación, tiramos del anillo que nos llevará hasta el encuadre deseado y nos acercará automáticamente la acción, pero lo que realmente esta haciendo es alejarnos del motivo, nos está aislando.
Uno de los ejercicios que siempre he recomendado es fijar el zoom a la mínima distancia focal que os permita. Imaginemos que trabajamos con un 24-70 o mejor aun, un 35-105mm.
Lo fijamos a 35 mm. con cinta aislante, cinta americana, o cualquier otra cosa que se os ocurra. Esto os obligará a andar, a acercarse al motivo.
Pensar en una imagen realizada con el 105 mm., o es más, hacerla. Y ahora intentar hacer el mismo encuadre con el 35 mm. esto, evidentemente supondrá que avancéis hasta el lugar de los hechos.

Mirad el resultado. El 105 mm. nos acerca la acción pero, como todo teleobjetivo, la independiza de nosotros y no somos partícipes de nada.
Era una acción que estaba cerca de nosotros pero de la cual nunca hemos compartido nada. Y cuando digo compartido no me refiero a que la hallamos montado, sino que la lejanía a imposibilitado compartir esa instante.
Por el contrario, cuando trabajamos con el 35 mm. su focal nos obliga a “vivir” cercanamente esa fracción de segundo que hemos decidido fijar y en general, la imagen será mucho más interesante.

Habituarse a trabajar con lentes cortas nos abre un abanico de lenguajes visuales que nunca nos ofrecerá un teleobjetivo, aunque tenga una distancia focal corta. Existen muchas modalidades fotográficas en las que este tipo de lentes tienen su espacio vital pero en el reportaje, pocas ópticas y cercanas entre ellas.

Muchos aficionados a la fotografía me han mostrado orgullosos sus bolsas repletas de objetivos como si eso fuera la solución a todos los problemas que puedan enfrentarse, fotográficamente hablando, y nada más lejos.
Con dos ópticas tendríamos que tener suficiente para abordar cualquier tema social. Personalmente me inclino por los equipos compuestos por un 28mm y un 50mm. o bien un 24mm, un 35mm y un 50 mm. Con estas tres ópticas podríamos dar la vuelta al mundo y si tuviera que quedarme con solo una, estaría entre el 35mm o bien el 50 mm.

El mero hecho de trabajar con ópticas con distancias focales cercanas nos ofrecerá algo que no debemos olvidar al elaborar un reportaje, la coherencia visual de lo que estamos contando. Pero esto merece un capítulo aparte, para mi de los más importantes en el mundo de la fotografía documental, que abordaré en otro momento.

Otro ejercicio es fijarse en una persona que esté en la calle, un bar, en casa, da igual, donde estemos. Nos ponemos la cámara en la cara como si la fuéramos a fotografiar y avanzamos hasta que ella se gire advirtiendo nuestra presencia. Parece una tontería, ¿no? Puede, pero recuerdo cuando disparábamos con película y para pasar el rato, iba calculando la luz que había allá por donde pasaba, luego lo comprobaba con el fotómetro de mano como si este fuera la máquina de la verdad. Era un simple pasatiempo pero al final el porcentaje de acierto era realmente alto.
Con este ejercicio de acercamiento comprobaréis que poco a poco, vamos perdiendo metros respecto a nuestra “presa”.

Y para acabar un consejo que realmente funciona, y mucho. Imaginar que estáis en un bar, os acercáis a fotografiar una persona, miráis por el visor y comprobáis que su cara está cambiando por momentos, vamos que os saltará a la yugular en segundos, hacemos la foto pero al bajar la cámara de nuestro rostro, nunca miréis a la persona fotografiada, mirar detrás de ella, como si hubiera alguien más.
Mirar lo fotografiado es un acto inconsciente que siempre hacemos y que nos delata rápidamente. Mirando lo no fotografiado, el sujeto en cuestión os mirará y mirará hacia atrás, y ante la duda llegará ese momento de poner pies en polvorosa.
Suerte.

lunes, 27 de septiembre de 2010

The Big Picture en tu Ipad o IPhone.


Para todos aquellos seguidores de The Big Picture y poseedores de un Ipad o un IPhone, ya pueden descargarse la aplicación que The Boston Globe a realizado para el tablet de Apple.
El precio de dicha aplicación es de 2,39 Euros y con ella podréis disfrutar en cualquier momento de las galerías fotográficas de esta fantástica web.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Fotografiar cerca de las personas. (1ª parte).

“Cuando estoy en la calle, no me atrevo a acercarme a la gente para fotografiarlos”
Esta es una de las frases que más he oído durante mis experiencias docentes.
De repente sentimos pánico y pensamos que posiblemente sufriremos un desenlace fatal si nos acercamos excesivamente al motivo o situación.


En estos casos, cada uno tiene su forma de proceder y no existe una solución milagrosa.
Existen “leyendas urbanas” que encuentran la solución a este problema con la adquisición de una cámara pequeña tipo Leica, la cual nos permitirá pasar más desapercibido, y en cierto modo es cierto, pero existen más factores que pueden influir a la hora de conseguir ese acercamiento. Argumentaré mi opinión al respecto.

Existe un espacio vital. Un territorio que marcamos nosotros mismos y que todo aquello que lo supera se convierte en violento.
Siempre pongo el mismo ejemplo. Pensar en aquellas personas que tiene cierta tendencia a hablar muy cerca de nosotros, pegados a nuestra cara. Cuando esto ocurre solemos ir auto apartándonos hasta llegar a esa distancia óptima que consideramos correcta. Estamos marcando nuestro espacio vital.

Si extendemos los brazos en forma de cruz e imaginamos una supuesta circunferencia alrededor nuestro limitada por los dedos de la mano, daremos con ese territorio fronterizo.
A la hora de fotografiar nunca debemos traspasarlo. Esperaremos que esa persona nos invite a entrar. Nos coja por la pechera y nos adentre en él. Solo así podremos compartir momentos fotográficos con ella.
Para ello es preciso tiempo, compartir momentos.

Cuando hacemos un reportaje extenso puede ser mucho más fácil de conseguir ya que la permanencia en el lugar y sus gentes ofrece más posibilidades de acercamiento pero ¿Como conseguirlo en el día a día, cuando no hay tiempo material para llevar a cabo ese “compartir”?
A mi entender, existe un factor determinante que nada tiene que ver con la fotografía y mucho con la psicología, nuestra actitud ante las personas.
He de confesar que soy un tipo bastante tímido a la hora de hacer fotos así que pensar en un modo de proceder como el que vimos en el video de Bruce Gilden fotografiando por las calles de Nueva York me produce auténtico terror.
El respeto hacia las personas se debe convertir en nuestra máxima. Si en algún momento observamos que no somos bien recibidos, bajaremos la cámara y reiniciaremos el proceso. Nada puede violentar a la persona que queremos fotografiar sino estamos perdidos. Nada bueno haremos.
Pedir permiso puede ser una solución pero si lo hacemos, aconsejo nunca hacer la fotografía en ese momento. Nos vamos y regresamos cuando nuestro objetivo esté más relajado. Tenemos su permiso y lo aprovechamos cuando convenga, no inmediatamente.

Reconozco que he perdido fotos pero ha sido para no violentar una situación. Recuerdo el reportaje que hice sobre la película de Fernando Trueba “El Embrujo de Shanghai”. Era la primera vez que vivía intensamente un rodaje.
Un día, mientras cambiaban luces, Ariadna Gil estaba pensativa en un rincón. Mi reportaje trataba sobre los entresijos de un rodaje. La foto era preciosa, la luz de ensueño. Ariadna estaba abstraída, tal vez memorizando el texto o colocándose en el personaje. Algo me decía que acercarme en ese momento produciría una molestia o rechazo en ella así que me comí la imagen pero muy posiblemente, el hecho de no hacerla facilitó posteriormente muchas otras igual de interesantes como esta que realicé días después.


No creo para nada en la leyenda de la cámara pequeña a menos que tengamos que fotografiar algo que implique peligro, que por la situación, requiera la máxima discreción. Una situación similar como la que contó Paco Elvira en su blog, relatando como hizo unas fotos en un prostíbulo.
Y no lo creo por mi experiencia fotografiando por la calle con una 6x6. Su tamaño no es precisamente pequeño así que no hay camuflaje posible. Solo nuestra actitud y respeto hacia los demás.
Cuando estoy ante una situación, siempre intento mantener cierta tranquilidad, revoloteo alrededor como diciendo “te voy hacer una foto”. Me muestro y cuando veo algo interesante disparo. No es cuestión de disparar mucho, esto lo he aprendido con la 6x6. Esperar y observar porque con esa cámara solo tengo un disparo posible.


La tienes o no la tienes.
En la próxima entrega comentaré algunos ejercicios que he llevado a cabo con mis alumnos, consejos y algún que otro truco que os puedan servir.