domingo, 6 de marzo de 2011

Sevilla.


Bueno, ya estoy de regreso tras un viaje relámpago a Sevilla para realizar una sesión de fotos, también relámpago, a un famoso y que aparecerá próximamente en el Magazine de La Vanguardia.
Siempre resulta agradable bajar por el Sur, y aunque nos ha llovido, no quisimos marchar sin saborear unas tapas en el Rinconcillo y en algún que otro lugar más y tomarnos una copita en "La Anselma" a ritmo de flamenquito, eso si, con la cámara y el cincuenta como fieles acompañantes.

6 comentarios:

  1. Gran noche la del sábado y grandes fotos*

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  2. Qué foto tan guai! Transmite fuerza y alegria.Cuanto arte alberga esa tierra!Yo acabo también de volver. He estado com mis hijas tres días (semana blanca).Más suerte con el clima (nos hizo bueno)y ayudó a patear y llenarnos de luz y mágia. Para la próxima (sin niñas) me encantaría también un poco de flamenquito. Igual nos vemos algún día allí David no? y me muestras esos lugares llenos de arte.

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  3. Porque todos los rincones auténticos de Sevilla donde se podía oír buen flamenco se han ido convirtiendo en otros como Anselma, muy orientados al turismo, y han dejado de lado toda la esencia de los ratos improvisados de cante. No sé si lo seguirá haciendo, pero todas las noches a las doce apagaba las luces, iluminaba un cuadro de la Virgen del Rocío y cantaba la Salve Rociera. Eso, desde mi personalísimo punto de vista y sin faltar a nadie, es como hacer suyo el rincón de omaíta.

    Había bares hace poco menos de diez años que frecuentaban artistas de la talla de Torombo, Raimundo Amador, Martín Revuelo, Perejil, El Varilla... y a poco que se tomaban dos tragos se liaba bien liá.

    Hoy por hoy son dos cosas totalmente distintas y la comparación quizá sobra, pero soy un amante del flamenco puro (vivido), y una cosa ha derivado en la otra. Ahora todos son sevillanas y rumbas, y en demasiadas ocasiones mucho circo que no ayuda nada a desmitificar el tópico del andaluz vago y festero.

    O a lo mejor es que llevo un mes de lo más pesimista y sólo pongo el ojo en lo que menos me gusta. En cualquier caso, para disfrute sólo es necesario tener ganas y sonreír. Eso es en definitiva lo que cuenta. Si te lo pasaste bien y volverías a ir, vuelve si puedes y disfruta, carajo.

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